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Biología ancestral · Vida natural

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· 4 min de lectura · Crecimiento

Comer como tu bisabuela

No necesitas una dieta. Necesitas un criterio. El más sencillo tiene cien años y cabe en una frase.

Cada año aparece una dieta nueva con su lista de alimentos prohibidos, su app y su comunidad. Casi todas funcionan al principio. Casi ninguna se sostiene. Y todas comparten, sin decirlo, el mismo denominador común: eliminan los ultraprocesados.

Así que quizá el problema nunca fue qué dieta elegir, sino qué entendemos por comida.

El criterio

Si tu bisabuela no lo reconocería como comida, probablemente no lo es. Un huevo, una sardina, un tomate, un puñado de nueces: sí. Una barrita con veintitrés ingredientes, un yogur sin lactosa con sabor a fresa y edulcorante, un aceite extraído con hexano: no.

Este criterio elimina de golpe el azúcar añadido, los aceites de semillas refinados, los emulgentes, los aromas y prácticamente todo lo que viene en paquete con mascota. Y no requiere contar nada.

Comida de verdad, en cantidad razonable, la mayor parte del tiempo.

Tres cambios que cambian todo

Proteína en cada comida. Es lo más saciante y lo que más falta en la dieta moderna. Huevos, carne, pescado, marisco. Luego, cocinar con grasas que existían hace cien años: aceite de oliva, mantequilla, manteca. Y por último, comer dentro de una ventana de unas doce horas, dejando la noche para descansar también al sistema digestivo.

Siempre hay algo más que descubrir.

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